La Unión de Autónomos del Comercio CNAC apoya las reivindicaciones de las y los vendedores ambulantes de Huelva, tras la decisión del Ayuntamiento de la capitual de cambiar la ubicación y otras circunstancias del mercadillo de los domingos.
La Asociación de Vendedores Ambulantes Andalucía–Huelva ha mostrado su rechazo a la decisión que, según denuncian, se ha adoptado sin diálogo con el sector.
El colectivo ha trasladado su “profunda preocupación” por una decisión que consideran perjudicial para su actividad, subrayando que en la provincia hay alrededor de 250 vendedores ambulantes y más de mil personas que dependen directamente de este trabajo.
Feli Heredia, representante de la Asociación, asegura que el sector conoció la intención municipal «por los medios de comunicación y las redes sociales», sin que previamente hubiera existido contacto directo por parte del Ayuntamiento con los vendedores, lo cual indignó al colectivo. La primera decisión que tomaron fue constituirse formalmente como asociación y solicitar una reunión con el equipo de Gobierno, encuentro que, según explica, no se produjo hasta hace unos días.
El representante del colectivo lamenta además que no fueran recibidos por la alcaldesa, Pilar Miranda, sino por el concejal Alfonso Castro. «Nosotros lo que queremos es hablar con ella y explicarle por qué no nos puede mandar al recinto colombino», insiste.
Desde la asociación aseguran comprender la necesidad de abandonar el emplazamiento actual, al tratarse de unos terrenos de carácter privado y no municipal, pero consideran inviable volver al recinto colombino. «osotros entendemos que tenemos que irnos, que el sitio donde nos ubicamos ahora es privado, pero no podemos irnos a una ubicación donde vendemos un 40 o un 50% menos», afirma Heredia.
Los vendedores describen el recinto colombino como un espacio poco adecuado para desarrollar su actividad comercial. «Para nosotros es fatal: hace un sol abrasador en verano y en invierno mucha humedad y mucho frío. Los puestos salen volando allí, al lado de la ría», explica. A ello suma el estado del terreno cuando llueve. «Nada más que caen dos gotas se enfanga, se pone pegajoso y, desde luego, prenda que se te cae, prenda que hay que tirar a la basura».
Durante la reunión mantenida con responsables municipales, el colectivo trasladó distintas propuestas alternativas para la ubicación del mercadillo, pero Heredia señala que todas ellas han sido descartadas.
La entidad recalca que la nueva ubicación «debe ser consensuada. Somos los que estamos ahí y pagamos nuestras tasas puntualmente», añade.
El representante del sector recuerda además la dimensión económica y social del mercadillo y reclaman al Consistorio y a la alcaldesa, Pilar Miranda, que se abra un proceso de diálogo y participación antes de aplicar cambios que afectan a su sustento. “No se puede modificar de manera unilateral la ubicación y el día del mercadillo sin valorar el impacto económico y laboral”, señalan.
Desde la asociación defienden que los vendedores ambulantes “no son un problema”, sino trabajadores autónomos y pequeños empresarios que sostienen a sus familias, y advierten de que la medida podría afectar gravemente a la viabilidad de muchos puestos.
Asimismo, han apuntado que algunos de los problemas detectados en el mercadillo no derivan de la actividad legal, sino de la falta de control sobre la venta ilegal, las falsificaciones o la organización del recinto, cuestiones que, a su juicio, dependen de la gestión municipal. Entre las críticas, destacan la escasa vigilancia, la falta de control en autorizaciones y la deficiente organización del tráfico y los accesos, factores que también repercuten en la afluencia de clientes.
Como respuesta, el colectivo ha tomado medidas, como organizar jornadas de protesta pacífica en el propio mercadillo, donde han colocado pancartas y realizado pitadas para visibilizar su rechazo y reclamar una solución negociada. También se han reunido con grupos municipales de la oposición, como PSOE y Vox.
Los vendedores insisten en que su reivindicación no pasa por recibir ayudas, sino por “respeto, diálogo y la posibilidad de seguir trabajando”, defendiendo el mercadillo como una actividad que da sustento a cientos de familias onubenses.

